En
abril de 2025, a raíz de los escándalos por el uso de helicópteros, aviones
privados y viajes en primera clase por parte de legisladores y servidores
públicos morenistas, la presidenta Claudia Sheinbaum propuso una serie
de principios éticos y políticos para erradicar conductas contrarias a los
estatutos del partido. Fue el 4 de mayo de ese año cuando el Consejo
Nacional de Morena, del cual forma parte la gobernadora de Quintana Roo,
Mara Lezama, los aprobó por unanimidad.
En
aquella ocasión, la entonces dirigente nacional del partido, Luisa María
Alcalde, enfatizó que la austeridad republicana no constituía una
sugerencia retórica, sino un imperativo ético que prohibía la renta de
aeronaves privadas, la utilización de transporte de lujo, el turismo político y
cualquier manifestación de ostentación.
Sin
embargo, la realidad operativa del gobierno quintanarroense dista de manera
radical del compromiso asumido. Una investigación realizada por el Laboratorio
de Periodismo y Opinión Pública (POPLab) y la plataforma internacional CONNECTAS,
difundida por el periódico Reforma, reveló que la mandataria estatal, desde
que ocupó la presidencia municipal de Benito Juárez (Cancún) y ya
como gobernadora, acumula al menos 97 vuelos privados de ella y su familia
hacia destinos como Orlando y Vail, en Estados Unidos. Se
trata de trayectos en aeronaves cuyo costo promedio ronda los seis mil dólares
por hora, cifra que rebasa las percepciones de un servidor público.
El
hallazgo más crítico de la investigación, señala que al menos 43 de esos
trayectos se realizaron en aeronaves de la empresa PABE-TAX, firma
vinculada a Grupo Seguritech, uno de los principales proveedores del
gobierno estatal con contratos multimillonarios en materia de seguridad. A la
par, el diario Reforma también dio a conocer que la Secretaría de
Seguridad Ciudadana del estado utiliza un helicóptero bimotor Bell 429
adquirido a la misma empresa proveedora.
A
través de un mensaje en sus redes sociales, la gobernadora admitió el uso de
vuelos privados, argumentando que se trataba de trayectos combinados entre su
agenda pública y su "rol de madre", asegurando que fueron pagados
con recursos propios generados durante su desempeño en la iniciativa privada.
No
obstante, la justificación particular, la Ley General de Responsabilidades
Administrativas del Estado de Quintana Roo y sus Municipios, así como el Código
Penal para el Estado Libre y Soberano de Quintana Roo establecen límites
claros sobre las relaciones entre funcionarios y contratistas.
La
relación documentada no acredita por sí misma la comisión de un delito, pero
plantea preguntas que deben ser esclarecidas por las autoridades competentes,
particularmente respecto de posibles conflictos de interés, beneficios
indebidos o intervención en contrataciones públicas. Y, de comprobarse irregularidades,
se deberá aplicar la ley.
El
pasado sábado 22 de agosto, en un mensaje publicado en la red social X, al
referirse al caso del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, la presidenta
Claudia Sheinbaum advirtió que “… el poder sin principios se vuelve
arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo,
termina enfrentándose a la historia…”. La advertencia resulta
particularmente pertinente frente a este caso que ha colocado nuevamente en el
debate público la distancia entre los principios de austeridad proclamados por Morena
y las prácticas personales de algunos de sus gobernantes.
Mientras
la población de Quintana Roo enfrenta la crisis del sargazo en sus
costas y, según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental
(ENCIG) 2025 del INEGI, el 75.2% de los ciudadanos
identifican a la inseguridad y la delincuencia como el principal problema, seguido
de la corrupción (65.6%) (con una tasa de 17,176 víctimas por estos actos por
cada 100 mil habitantes), así como una confianza al gobierno estatal del 41.8%,
la gobernadora mantiene prioridades diametralmente opuestas.
Morena construyó su
legitimidad política bajo la promesa de no incurrir en los abusos del pasado y
trabajar por el pueblo. Hoy, la incongruencia está acabando con esa narrativa porque
son sus propios liderazgos los que están envueltos en los escándalos que distorsionan
los postulados de la Cuarta Transformación.
En el caso de la gobernadora Mara Lezama, la conducta documentada plantea una contradicción política y ética, y exige transparencia sobre quién contrató, quién pagó y bajo qué condiciones se realizaron los vuelos.


Comentarios (0)
Sin comentarios